Al tocar el timbre de salida, llena de apuntes que el profesor me había dejado para estudiar todo el fin de semana, iba esquibando gente en el estrecho pasillo. Estaba apurada y con ganas de salir corriendo de ese ambiente tan estresante para mí. Con el día que había tenido, era mejor descansar un poco. Estaba en camino hacia la puerta, la tenía a unos centímetros, pero con mi exagerada rapidez y con la cabeza que recién estaba agendando nuevas fechas de entrega y exámenes, más lo rara que estaba, pensando en qué iba a comer y tratando de hacer equilibrio con todas mis hojas, me descontrolé y me despisté, quedando en blanco.
Casi saliendo, tuve el error de sacar mi vista de adelante mío para saludar a alguien y accidentalmente, empujé salvajemente a una persona, que para mí, se había metido en mi camino...
Al reaccionar qué había hecho, esa persona estaba tirada a mis pies, inundado en mis hojas y lo que parecía, las de él, agarrándose la cabeza y tratándose de levantar tambaleante.
Cuando vi a ese chico, tirado allí, como me había pasado alguna vez, quedé mirándolo estúpidamente asustada. Había quedado soldada al piso porque parecía macabro lo que pasaba. Pero, yo en vez de ayudarlo como mi recuerdo, me largué correr.
Salí despavorida, sin agarrar nada de lo que había tirado y me senté en el banco de la calle, y antes de caer desmayada, traté de respirar hondo y tranquilizarme. Pero lo único que pasó fue que me agarró angustia, y sin pensar ya estaba llorando sin compasión.
No podía olvidar.... Aunque quería no podía.... Pero no podía seguir mintiéndome a mí misma, ya estaba marcada y no iba a ver nada que me remendara o me ayude a cicatrizar las viejas heridas. Atiné a acariciarme el abdomen y llorar en silencio...
No hay comentarios:
Publicar un comentario